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Paula Rubinsztein y Luca Castello hablan desde Retratos del Apocalipsis

Dos referentes del film analizan el crecimiento del cine de terror argentino, sus formas de producción y el detrás de escena de Retratos del Apocalipsis como espejo social

¡Hola! Espero que tu semana haya sido tranquila… o al menos más tranquila que un apocalipsis zombie en el conurbano.
Bienvenid@ a la primera entrega de un newsletter quincenal que te acerca las voces, los secretos y el detrás de escena del cine de terror argentino.

Hoy abrimos las puertas de este mundo con dos personalidades que trabajan desde frentes distintos, pero que hablan del mismo país, de las mismas heridas y de los mismos miedos:

  • Paula Rubinstein, actriz de Cuando acecha la maldad, En el barro y Retratos del Apocalipsis.
  • Luca Castello, co-director de Retratos del Apocalipsis, el nuevo apocalipsis zombie hecho en Bs. As.
    Dos miradas que se cruzan:
    una desde el cuerpo que interpreta, otra desde la cámara que crea. Tiempo de lectura: 6 minutos (lo que dura un café o un mate antes de que aparezcan los zombies)
    Sugerido: poné de fondo algún soundtrack inquietante, tipo “Skinamarink” o “Aterrados”.

La voz del cuerpo que interpreta: Paula Rubinsztein

Hay actrices que llegan al terror por accidente… y otras que parecieran haberlo llevado siempre en la piel, aunque no lo supieran. Paula Rubinsztein pertenece a esa segunda especie. Antes siquiera de aprender a escribir su nombre, ya inventaba personajes, escenas, universos enteros. Sus juegos —previos al jardín de infantes— no eran de muñecas: eran puro teatro. Puro cuerpo.

Viene de una familia de músicos y quizás por eso entendió muy temprano que el arte era su vida. A los 16 se metió de lleno en la actuación y nunca más salió. Cuando habla de esos años, su voz baja un tono, y explica ese ese vacío que siente cuando el teatro no está: “Las pocas veces que no tenía el teatro y la actuación, en mi vida, era algo que faltaba”.

Su camino fue largo, lleno de obras y desafíos que la obligaron a entregarse al ridículo, a la vulnerabilidad y al humor. Y si bien había trabajado en cine, pero no de terror, hubo un día que lo cambió todo: su casting para Cuando acecha la maldad (2023) de Demian Rugna. Lo hizo, se olvidó y siguió adelante. Para ella hay que soltar las cosas. Hasta que llegó el llamado: “Rugna se había enamorado del personaje de Sara”, dice con una sonrisa. “Así llego yo al cine del terror. Y ahí descubro su trasfondo… no es lo que habitualmente se ve. Hay un submundo, y muchas veces no se piensa en cuál es el mensaje que hay detrás”.

Para ella el terror nacional es tan mal entendido como el heavy metal, donde se etiquetan prejuicios y se ignoran los mensajes profundos. Esos mensajes según Paula, son situaciones en las historias que platean los guiones. Y pone de ejemplo a Retratos del apocalipsis, cuatro relatos que según la actriz, sirven como metáfora de la realidad actual.

El terror le abrió puertas en Argentina y afuera. La mirada extranjera según indica, se fascinó con lo nuestro: los peones de campo, las abuelas que hablan sin filtro, el idioma argentino sin neutralizar, los vínculos tensos y cotidianos que parecen inocentes… hasta que no lo son. Ella lo dice mejor que nadie: “El arte es una ciencia auxiliar de la historia. Cuando no se subvenciona la cultura, se niega la posibilidad de que exista un testimonio”.
Su participación en Retratos del Apocalipsis (2024), “Ratas” (dirigido por Fabián Forte, con Demian Salomón y Natalia Santiago), condensa exactamente lo que Paula destaca del terror nacional: esa mezcla perfecta entre lo cotidiano y lo imposible.

Es una historia de terror con zombies brotando en las calles de Buenos Aires, pero anclada en un universo profundamente familiar. Una suegra obsesionada con una rata que quizás no es una rata. Un gato que mira demasiado. Un yerno que vuelve herido de jugar a la pelota. Una nieta que sale a bailar y regresa diciendo que la gente en la calle “está loca”. Y una jefa de familia que intenta poner orden, contener el miedo y sostener a los suyos mientras el mundo se desarma.

Lo que Paula cuenta, en primera fila

Hablar de Retratos del Apocalipsis es hablar de una película hecha casi a pulmón. Paula lo cuenta sin dramatismo: “Retratos del Apocalipsis, es una película que se filmó con amor, nada más. Son tres directores, cuatro episodios. Y cada episodio, se filmaron en tres días y en una misma locación con los actores cobrando lo mínimo. Los directores poniendo todo de sí y la post-producción es tanto o más que el propio rodaje”.

No hubo grandes inversores ni campañas de marketing; hubo voluntad, tiempo regalado y una comunidad que entendió el valor del proyecto. Cuando la película necesitó difusión, recurrieron a las redes sociales y convocaron al público de manera directa, pidiéndole que colaborara con pequeñas donaciones, el famoso cafecito, para poder impulsar la circulación del film.

Paula no habla solo de actuar: habla de la pasión que hay por parte de los artistas, productores, directores… habla de identidad, memoria y territorio. Para ella el cine de terror nacional, funciona porque habla de nosotros mismos. De nuestras familias, nuestros vínculos, nuestras grietas. Su mirada es profundamente política, en el mejor sentido: “Los personajes son nuestros. El patrón de campo duro y estricto, los peones de estancia… Somos nosotros”, afirma.

Si hay algo que Paula no esquiva es su posición como actriz mayor de 50 años dentro del audiovisual. Lo dice sin enojo, pero con una lucidez que incomoda: “En lo comercial las mujeres mayores son el relleno. Pero en el cine de autor estamos entrando. Es dificil y en este momento más todavía. Se está dando como una especia de retroceso. No dejemos de avanzar”.

En su análisis, el terror se vuelve, paradójicamente, uno de los géneros más generosos con las actrices. Tal vez porque trabaja con cuerpos reales, historias reales, familias reales. No busca la perfección estética: busca verdad. Y ahí, Paula Rubinsztein encuentra un espacio donde su edad no es un límite sino un territorio. Un cuerpo habitado por experiencia, dolor, firmeza, memoria: todo eso que el terror necesita para que el miedo sea verosímil.

El mainstream pide juventud. El terror pide humanidad. Y ahí es donde Paula brilla.

La voz de la cámara que crea: Luca Castello

Luca Castello diseña el terror desde la mirada. Editor, director y co-creador de Retratos del Apocalipsis, es la otra mitad del rompecabezas: el lado técnico, obsesivo, cinéfilo.
Su ópera prima no nació de un estudio ni de un gran presupuesto, sino de una necesidad: contar un apocalipsis zombie argentino. Luca quería hacer un largometraje de zombies desde hacía años. No pudo. Así que hizo lo que escribió un corto. Lo llamó El rey de los condenados. Tenía guión y tenía storyboard en 3D. Se lo mostró a Fabián Forte, director de cine argentino. Ahí nació la chispa. “Fabián también tenía una idea de cortometraje que quería hacer de zombies, y habló con Nicanor. Un poco fue su idea que uniéramos estas historias, que les demos un marco conjunto para crear un mismo mundo y hacer esta película ” cuenta Luca.

Así nació Retratos del Apocalipsis. Cuatro historias, tres directores: Lucas Castello, Nicanor Loreti y Fabián Forte. Donde la invasión zombie ocurre entre semáforos, colectivos, pasillos de PH y casas con rejas bajas. El dato más increíble es que la película se filmó sin un peso del INCAA. Cero subsidios. Cero estructuras industriales. Solo directores poniendo sus ahorros y su tiempo. Aun así, ya pasó por 26 festivales internacionales.

De las cuatro historias, la de Luca es la última. Y ocupa ese lugar por naturaleza narrativa, no por orden interno. “Cuando editamos todas las historias, la idea era ponerlas en orden cronológico. Desde el principio del apocalipsis hasta el final. Y mi historia estaba escrita en un post-apocalipsis, varios años después, así que es la que cierra la película”, revela.


Su aporte no es solo técnico: es conceptual. Castello observa una transformación clave en el cine de terror nacional: el fin del “neutral español internacional”. Hace unos años, dice, muchos guiones se escribían para que no se entendiera dónde pasaban. Era una exigencia de las distribuidoras para “gustar en todos lados”. Hoy eso cambió. Las plataformas piden regionalidad. Les interesa lo autóctono, lo diferente y al público también. Quizás por eso Retratos del Apocalipsis explotó en México. Se proyectó a sala llena en la Cineteca Nacional durante el Festival Macabro y el efecto fue inmediato.

“Tenía dudas de si algunas cosas se iban a entender, porque es una película muy argentina. Y lo que pasó es que, aunque no entendieran todo, les daba curiosidad. Me preguntaban qué significaba esto o aquello. Eso me pareció hermoso: te permite jugar con lo autóctono. Como hablamos, como somos. No tenemos que tratar de parecernos a los tanques hollywoodenses”.

Para Luca Castello, el terror argentino no es un nicho: es un territorio mal leído. Le causa gracia cuando alguien lo ubica en “ese género raro”, porque sabe que, afuera, el terror es mainstream puro, uno de los que más entradas vende en el mundo. El problema, señala, no está en el público sino en cierta ceguera de la industria local. En Argentina persiste una formación más inclinada al drama costumbrista, lo que hace que productores y distribuidores desestimen proyectos que podrían atraer público y circular mejor, como el terror, mientras apuestan a otros que tienen pocas posibilidades reales de distribución.
Esa resistencia, para Luca, contrasta con un dato evidente: el espectador cambió.

La película Cuando acecha la maldad, de Demian Rugna, fue una prueba contundente de que el terror argentino funciona. Y él mismo lo resume así: “Cuando acecha la maldad fue una punta de lanza. Le abrió la cabeza a mucha gente respecto del terror de acá. Igual, nosotros venimos de una historia de terror: Narciso Ibáñez Menta, un montón de casos donde el género funcionó. Pero hoy es distinto: las plataformas cambiaron todo”.

Ese “todo” del que habla Luca también incluye la manera de mirar. En tiempos de VHS o de salas únicas, segmentar al público era sencillo; hoy, con la oferta fragmentada y la posibilidad de entrar y salir de los contenidos, la audiencia se volvió más flexible y más abierta al género. Para él, el argentino menor de 40 años ya no solo acepta el terror: lo busca y lo consume cada vez más. Le atrae porque impacta, porque conmueve, porque permite vivir los miedos de forma segura. Y porque, en Argentina, el terror además revela algo propio: historias y sensibilidades que nacen de nuestras calles, de nuestro conurbano, de nuestras formas de hablar y de vincularnos.

Lo que Luca revela desde la cocina

Si la mirada de Luca es lúcida, su cocina es cruda. Hacer Retratos del Apocalipsis fue, literalmente, una proeza de supervivencia. No hubo financiamiento externo: el equipo pagó todo de su propio bolsillo, después de comprobar, cada uno por su lado, que conseguir apoyo institucional era casi imposible.

Castello filmó después de las PASO, en un país donde el INCAA, dice, “existe de nombre, pero ya no hace películas”. Esa certeza los obligó a pensar la producción con lo que tenían. La estructura de cuatro historias no fue una búsqueda estética sino una estrategia económica: cada director podía financiar su propio segmento sin arrastrar al resto. Aun así, la película luce grande, sólida, ambiciosa. Detrás de esa contundencia hay una verdad que no se ve: fue, asegura Luca, lo más estresante que hizo en su vida.

También tenían claro lo que no querían. Ni él ni sus compañeros (Loreti y Forte) estaban interesados en replicar el modelo estadounidense del héroe que salva el día, como en la serie de zombies: The Walking Dead. No había lugar para un salvador criollo liderando la resistencia. Ellos querían, y escribieron, personajes que se parecieran a la gente real.
Ahí aparece una de las frases que Luca pronuncia con total convicción: “La película no cae en la típica fórmula de EE.UU. donde hay un Rick Grimes (personaje de The Walking Dead) que lidera todo. Queríamos hacer algo más parecido a las personas que conocemos y a los personajes que conocemos en nuestro cine”.


Se trabajó con la realidad disponible y agrega: “Mi historia la escribí 100% pensando en la casa de una abuela que se había mudado a un departamento. Sabía que esa casa iba a estar vacía un tiempo, así que escribí el guión para ese lugar. Pensábamos las historias según lo que teníamos disponible”.


El cine de terror argentino está acostumbrado a hacer magia con poco. Pero Retratos del Apocalipsis llevó esa lógica al extremo: inventar mundos a partir de una casa vacía, crear criaturas sin presupuesto, filmar en silencio mientras el país se tambalea. Lo extraordinario es que nada de eso se nota. El espectador no ve precariedad: ve decisión, estética, mundo. Luca prefiere no revelar cuánto costó la película, él y sus compañeros acordaron no hacerlo, pero deja entrever que es incluso menos de lo que cualquiera podría imaginar.


El puntaje de Cinexcintia a esta película es: 5/5. Además la podés ver en la pantalla de Cine Gaumont desde el 18 de diciembre hasta el 21 de diciembre.

Hasta acá llega esta primera entrega.

Gracias por leer y sumergirte en el submundo del cine de terror nacional.
¡Nos vemos en la próxima!
Si querés una próxima entrega, dejá tu comentario o compartilo con alguien que ame el cine.


Cintia Barros Ortiz

Cintia Barros Ortiz, periodista de cine & TV, publicista y locutora, te invita a sumergirte en el mundo del entretenimiento. Comparte reseñas, entrevistas exclusivas y coberturas de eventos, mientras analiza las últimas novedades de la industria cinematográfica, publicitaria y televisiva. Cintia te mantendrá al tanto de todo lo relevante en películas, series, cortometrajes y mucho más.

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